El origen de la agresividad cuando una persona conduce

El aspecto psicológico cuando una persona maneja un auto o una moto muchas veces no se le da la debida importancia.


Las confrontaciones verbales entre usuarios en la carretera son frecuentes.

Se trata de un síndrome de agresión verbal o física de un conductor hacia otro usuario de la carretera. Que no es necesariamente otro automovilista, puede ser un motociclista, un ciclista, un peatón, una persona que va en un scooter eléctrico. A veces surgen discusiones que pueden degenerar en ofensas y, en el peor de los casos, en confrontaciones físicas muy peligrosas.

El automóvil se experimenta como una “carcasa protectora”. Nos sentimos seguros, como si estuviéramos en casa. Y esta condición nos permite resaltar incluso los aspectos más característicos desde un punto de vista emocional, cuando la capa protectora se pone un poco en riesgo. Pero el elemento crítico es la sobrecarga cognitiva. Conducir hoy, con tráfico y diversas limitaciones ambientales y de seguridad, es cada vez más una actividad que nos involucra y nos estresa mental y físicamente.

En una encuesta realizada a 173 automovilistas británicos, hubo una estrecha correlación entre el temperamento agresivo del conductor, la cantidad de infracciones de tránsito y la tendencia a mostrar intolerancia a eventos inesperados muy rápidamente, con ataques de ira verbales y físicos. Pero incluso una persona tranquila puede volverse agresiva al conducir, especialmente si el nivel de estrés debido al tráfico es alto. En resumen, si hay personas más propensas a la impulsividad, no se puede decir que nadie esté libre de reacciones emocionales excesivas, especialmente si el índice de estrés personal relacionado con la calidad de vida es malo.

Un estudio realizado por la Universidad Alemana destaca cómo el cerebro percibe el contexto de la ciudad y el tráfico como un “entorno antinatural”. Sobre la base de nuestro ADN, cada individuo sería libre de caminar en el bosque o ir a cazar, sin restricciones y sin necesariamente tener que atender a sus semejantes. Por el contrario, en el tráfico urbano uno se ve obligado a vivir en un contexto hostil, con personas desconocidas, ruidos, luces. Este contraste “primitivo”, con la adición de aire no saludable que se respira, actúa en el nivel nervioso, causando un déficit de oxígeno en el cerebro que genera respuestas conductuales y emocionales alteradas. Sin embargo, el principio se aplica a todos, no solo para los automovilistas sino también para otros usuarios de la carretera.

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